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martes, 26 de enero de 2010

La Economía se SUMERGE . EL EMPRESARIO ESPAÑOL PEQUEÑO O GRANDE, TIENE DOS PROBLEMAS.. UNO LA CRISIS ECONÓMICA Y OTRO LA ECONOMÍA SUMERGIDA QUE REVIENTA LOS PRECIOS DE REFORMAS , REPARACIONES, PINTURAS, REHABILITACIONES... ESOS SRES. PARADOS EXTRANJEROS O NO , SIN PERMISO Y CON PERMISO DE TRABAJO ESTÁN DESTROZANDO LA ECONOMÍA NACIONAL.

La Economía se SUMERGE . EL EMPRESARIO ESPAÑOL PEQUEÑO O GRANDE, TIENE DOS PROBLEMAS.. UNO LA CRISIS ECONÓMICA Y OTRO LA ECONOMÍA SUMERGIDA QUE REVIENTA LOS PRECIOS DE REFORMAS , REPARACIONES, PINTURAS, REHABILITACIONES... ESOS SRES. PARADOS EXTRANJEROS O NO , SIN PERMISO Y CON PERMISO DE TRABAJO ESTÁN DESTROZANDO LA ECONOMÍA NACIONAL... Y MIENTRAS TANTO HACIENDA APRIETA A LOS PEQUEÑOS EMPRESARIOS EMBARGANDO CUENTAS POR FALTA DE PAGO.... ¿PORQUE NO SE PREOCUPAN DE ESOS ILEGALES? ...   ¿PORQUE NO INSPECCIONAN LAS OBRAS, LAS REPARACIONES, LAS REFORMAS? - PERSIGUIENDO ESA LACRA PARA LA ECONOMÍA NACIONAL... ¿PERO ESO QUIZÁS NO SEA CORRECTO?.
Creo sinceramente que la ECONOMÍA ESPAÑOLA TARDARÁ EN RECUPERARSE por esa falta de DECISIÓN y capacidad política... Los próximos años serán muy dificiles para ESPAÑA... ¿Gracias a quien? ....
ARTICULO DE LA VANGUARDIA ...
La economía sumergida vuelve a campar por los barrios como la única alternativa ante la falta de trabajo .
Las mujeres constituyen el grueso de este contingente. El trabajo doméstico y el cuidado de personas enfermas o ancianas ha disparado la economía sumergida en este sector . JAUME V. AROCA  | Barcelona |
¿Cómo quiere la factura?
Pese a los quince años de esplendor que han precedido al presente derrumbamiento económico, cualquiera que lleve unos años viviendo en España entenderá perfectamente la frase que arranca esta crónica. Aun en la prosperidad, la economía sumergida ha gozado de una acreditada buena salud. ¿Cómo no iba a ganar terreno ahora, cuando en todas partes hay brazos dispuestos a hacer lo que más convenga?
Crisis económica ...     * Las historias de economía sumergida proliferan ante la falta de trabajo
"La economía se sumerge", alertaba hace dos meses el responsable del área económica del Ayuntamiento de Barcelona, Jordi William Carnes. El gabinete técnico que elabora trimestralmente los indicadores de Barcelona Economia señalaba, en el último informe de coyuntura referido a septiembre, el sumidero por el que se cuela la precariedad: disminuye la tasa de actividad, esto es, el contingente de mano de obra que declara que está dispuesta a trabajar, lo haga o no. Los desafectos –estos sí que lo son– al mercado laboral regulado se pasan al lado oscuro para buscarse la vida.
La tasa de actividad de Barcelona ha caído algo más de un punto en un año. Los contingentes de asalariados han tenido un comportamiento distinto según sean hombres o mujeres: la de los hombres ha caído tres puntos en un año. La de las mujeres incluso crece relativamente compensando la deserción masculina. En el conjunto de Catalunya el indicador ha tenido una conducta similar según el Observatori del Treball. Sólo en el segundo trimestre del 2009 había caído un 1,8%.
Que los trabajadores abandonen el mercado regular no significa que desaparezcan del país o dejen de trabajar. Sencillamente, se hacen invisibles a la administración, a los sindicatos, a la Seguridad Social y también a sus futuras jubilaciones.
Los jóvenes, que deben reemplazar a estos contingentes que salen del mercado, también renuncian a incorporarse ante la falta de expectativas. Ellos también se apuntan al trabajillo: cuatro duros y empleo sin declarar... La precarización de los precarizados. Pero esto tiene, y tendrá en el futuro, consecuencias. El informe de Càritas del área metropolitana para el año 2009 señala que el 10% de las personas que han acudido a sus despachos en busca de ayuda estaban empleados en el mercado irregular. Su presencia en los indicadores de Càritas guarda relación con un fenómeno que va en aumento: personas que, aun con ingresos, precisan de ayudas para subsistir. Son los obreros precarizados.
No todos los trabajadores sumergidos son inmigrantes, como acredita el coordinador de la Creu Roja en la provincia de Barcelona, Enric Morist, aunque sí la mayoría. En este diagnóstico coincide con el responsable del Centre d'Informació pels Treballadors Estrangers (CITE) de Comisiones Obreras, Ghassan Saliba, quien advierte que, en realidad, la inmigración ya abasteció de mano de obra barata a la economía sumergida durante los años de la bonanza económica. O tal vez fue al revés, el trabajo irregular –la posibilidad de emplearse aun sin papeles en España– fue uno de los motores de la masiva inmigración registrada en aquellos años.
En cualquier caso, ahora, en la crisis, la inmigración no hace más que continuar con ese comportamiento. A partir de los datos recabados entre quienes acuden a pedir asesoramiento en alguna de sus 43 oficinas, el CITE estima que, en el 2009, un 50% de los trabajadores recién llegados a Catalunya estaban empleados fuera de los circuitos regulares.
Las mujeres constituyen el grueso de este contingente. El trabajo doméstico y, muy especialmente, el cuidado de personas enfermas o ancianas –un mercado que el propio Estado ha impulsado con el lento despliegue de la ley de Dependencia– ha disparado la economía sumergida en este sector, como acredita también el coordinador de Creu Roja.
Las mujeres constituyen el ejército de refresco en la crisis económica. Los hombres perdieron sus empleos, primero en la construcción, luego en la industria y ahora también en el sector servicios, y son las mujeres quienes salen a la busca de una fuente de ingresos de reemplazo.
Pero el trabajo irregular constituye, de hecho, un fracaso para los extranjeros porque por esa puerta se abre el camino hacia la doble precariedad. Sin empleos regulares pierden también la posibilidad de renovar los permisos de trabajo –en los que es competente, en virtud del nuevo Estatut, la Generalitat, que también ha asumido la inspección–. A la larga significa que pierden también sus derecho de residencia. "Recientemente –explica Enric Morist– hemos trabajado en un campo de trabajadores desplazados en Lleida donde hemos encontrado un nuevo tipo de problema: personas que habían consolidado su situación legal en Catalunya y que ahora han vuelto a la ilegalidad porque están fuera del mercado. Para ellos, la economía sumergida no es una solución porque no les resuelve su principal problema: seguir viviendo legalmente en España".
Pero, en realidad, Morist tiene la teoría de que si la actividad económica regulada ha menguado a consecuencia de la crisis, también lo ha hecho la economía sumergida. "No crea que es tan fácil encontrar ahora trabajo al margen de los circuitos regulados. En el fondo, el problema de mucha gente a la que asistimos es que no lo encuentran ni dentro ni fuera del sistema".
En los años ochenta, en los barrios de la periferia metropolitana, la economía sumergida se convirtió en la tabla de salvación de muchos trabajadores que perdieron sus empleos en la desindustrialización. Veinte mil personas llegaron a trabajar en la confección sumergida en Santa Coloma de Gramenet según un trabajo retrospectivo (La confecció sumergida, 1991). Aquella gran fábrica invisible fue un verdadero cojín social, al igual que las cooperativas de trabajadores, que, paulatinamente, fueron devolviendo a la luz mucho trabajo en negro. La pregunta es si ahora los barrios de la periferia metropolitana y de la segunda corona –herederos de su vocación industrial– serán capaces de volver a crear tales alternativas a la miseria.

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