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lunes, 19 de octubre de 2009

POLITICA ESPAÑOLA - POLITICA GALLEGA,...

POLITICA ESPAÑOLA - POLITICA GALLEGA, Lo que no consiguió Xosé Manuel Beiras, lo ha conseguido Anxo Quintana: hacerse popular. No confundir con la posibilidad de que ingrese en el Partido Popular, ¡lagarto, lagarto!, aprovechando que el caso ‘Gürtel’ está dejando a la derecha española plagada de ángeles caídos. Hablo de popular en el sentido mediático de la palabra. De chupar micrófono en la Cope y acceder a una tribuna con bastante repercusión en el Estado.
El precio de esa “popularidad” radiofónica ha sido un par de meses de impopularidad ante el nacionalismo galaico más radical y el silencio prudente de sus compañeros de proyecto, que “habelo haino”. Todos juntos, aparentando que no están revueltos, han iniciado, sin prisa pero sin pausa, su travesía del desierto interior, en la que incluyen uno de los pasajes clásicos del genuino éxodo bíblico: la separación de las aguas del Mar Rojo para poder proseguir su camino.
Máis BNG es esa generación que intenta esparcir por la geografía galaica un nuevo look de nacionalismo sin cuernos ni rabo. A través de una sofisticada operación de cirugía estética, aspiran a una reducción progresiva de la UPG, que lleva tanto tiempo sacando pecho, como si fuera talmente un Wonderbra ideológico. Es que Francisco Rodríguez y compañía no han entonado ni un solo mea culpa y no han planteado el mínimo propósito de enmienda, oye, tras la caída del imperio bipartito. Sencillamente, han cambiado a un portavoz nacional por otro, como los ventrílocuos cambian a veces de muñecos, y se disponen a afrontar el resto de su historia con el mismo guión establecido del pasado.
A lo mejor, lo que rechaza la ciudadanía galega es precisamente un Bloque empeñado en que la sociedad se adapte a sus premisas, en vez de intentar que sus premisas se vayan adaptando a la sociedad. A lo mejor, lo que rechaza este BNG es un futuro en el que los gallegos no pasemos por el aro, como si en vez de tener vocación de políticos tuviesen talmente vocación de domadores de conciencias humanas. Pero ese tipo de reflexiones les corresponde hacerlas a ellos, en sus asambleas, en sus psicoanálisis personales, intransferibles y colectivos. Va siendo hora de que se tumben en el diván, hagan una retrospección política y electoral y se pregunten: ¿qué me pasa, doctor?.

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